La conquista de la isla proporcionó a las unidades de aviación estadounidenses la primera base dentro del sistema de defensa interior japonés, desde donde atacar el corazón de la industria del Japón mediante bombarderos escoltados por cazas.
La lluvia de explosivos fue de tal magnitud, que un soldado estadounidense que presenció el panorama, dijo que la isla parecía un bistec quemado. Nada quedó en la superficie más que ceniza. Para finalizar, un dato que muestra en forma clara la envergadura del bombardeo. Si convertimos en hierro las 6.800 toneladas de artefactos explosivos que cayeron en Iwo Jima, podríamos cubrir la isla con una plancha de 1 metro de espesor.
Los marines se hicieron con la isla después de un mes de lucha encarnizada. El monte Suribachi, el punto más alto de la isla y un importante puesto de defensa, fue tomado el 23 de febrero. El 16 de marzo se declaró, de forma oficial, el final de la campaña.
